¿De verdad soy inteligente?

Por Educador - 8 de Febrero, 2007, 9:26, Categoría: Desarrollo Personal

De verdad, ¿soy inteligente?

Por José E. García

Cuando yo era pequeño, vamos cuando iba al cole, comenzaron a evaluarnos el nivel de Coeficiente Intelectual, el tan conocido C.I. Entre los compañeros siempre existían pequeños comentarios como por ejemplo, quien era el empollón, quien era el más tonto, etc. Creo que estos comentarios eran únicamente para ver quien era el más ingenioso en hacer alguna gamberrada. En fin, cosas de chiquillos. Sin embargo nos decían, que eso del C.I. también afectaría a nuestro futuro porqué en función de él, tendríamos unas expectativas u otras. Así, los que tenían un alto C.I. podrían llegar a ser astronautas.

La verdad es que mi coeficiente era normalito, es decir, según mi profesor, para ser bombero.

¿Qué pensaría mi profesor si se le hubiera quemado la casa, y los bomberos con ese C.I. normalito le hubieran salvado su preciosa casita? Bueno, esto no viene a cuento en estos momentos. Pero algún día se lo preguntaré.

El caso es que todo se basaba en el maldito Coeficiente Intelectual. Parecía como si llevaras una etiqueta detrás que dijera; "soy el empollón", "soy el más burro de la clase", "soy ....". 

Pero ahora me pregunto en multitud de ocasiones; ¿Cuánta I.E. poseía que no evaluaron mis queridos profesores? ¡Hay perdón!, se me olvidaba ¿Cuánta Inteligencia Emocional poseía o al menos podían haber fomentado?

Pues la misma pregunta me hago ahora sobre los empleados de múltiples empresas. ¿Pueden sus superiores inmediatos llegar a reconocer cuál es el potencial de inteligencia emocional que tienen sus empleados.? ¿Saben los propios directivos cuál es el potencial que pueden llegar a desarrollar?

Personalmente considero que la inteligencia emocional puede ser tomada como un factor muy importante a la hora de determinar el éxito. Las emociones descontroladas pueden convertir en estúpida a la gente más inteligente. Del mismo modo, poseer y aprender a fomentar el control emocional puede ayudarnos a desarrollar nuestra propia inteligencia, facilitándonos así el camino hacia el triunfo profesional.

Al contrario que el C.I., la I.E. constituye un proceso de aprendizaje mucho más lento, que prosigue durante toda la vida y nos permite ir aprendiendo de nuestras experiencias.

Actualmente se subraya la importancia del C.I. pero, por sí solo, difícilmente puede dar cuenta del éxito o del fracaso en la vida: "La investigación ha demostrado que la correlación existente entre el C.I. y el nivel de eficacia que muestran las personas en el desempeño de su profesión no supera el 25%, aunque un análisis más detallado revela que esa correlación no suele superar el 10% y a veces es incluso inferior al 4%.

Esto significa que, en el mejor de los casos, el C.I. deja sin explicar el 75% del éxito laboral y, en el peor, el 96% o, dicho de otro modo, que el C.I. no nos permite determinar de antemano quién triunfará y quién fracasará" (Daniel Goleman, 1998).

Por ello deberíamos replantearnos cuando alguien nos dice que tal persona es "inteligente", a qué tipo de inteligencia se está refiriendo, porque no es el C.I. el que determina a los trabajadores con mayor potencial.

Las competencias emocionales implican cierto grado de dominio de los sentimientos, y combinan el pensamiento y la emoción. Esto se logra conociéndonos a nosotros mismos, y para eso debemos saber cuáles son nuestras capacidades y limitaciones, asumir los fracasos y aceptar las críticas, relacionarnos empáticamente con los demás, satisfacer sus necesidades, aceptar las diferencias e integrarnos activamente en el grupo.

En un mercado laboral cada vez más duro y competitivo, no es suficiente el tener una buena preparación académica, ni siquiera el tener una amplia experiencia laboral. Si aprendiésemos a mantener bajo control las emociones e impulsos conflictivos; a ser íntegros y responsables; a permanecer abiertos a las ideas y enfoques nuevos, y adaptarnos rápidamente a los cambios, tendríamos una mayor autorregulación que nos permitiría afrontar con más serenidad las situaciones estresantes y ser más productivos.

Antes de pretender ser un trabajador ideal, tal vez debamos intentar mejorar la propia persona y marcar la diferencia está al alcance de nuestra mano, sólo es cuestión de autoentrenamiento.

Si conseguimos desarrollar nuestro potencial e incrementar nuestra Inteligencia Emocional, nos convertiremos en personas más válidas y eficientes tanto en el trabajo como en nuestra vida personal. Si sabemos autocontrolarnos, también seremos capaces de controlar el ambiente que nos rodea consiguiendo así, que las situaciones ansiógenas de la vida diaria puedan pasar más desapercibidas. 

Nota del Editor: C.I. en realidad significa Cuociente Intelectual y no Coeficiente. La medida de la inteligencia es el cuociente entre la edad mental y la edad física. Coeficiente es, en cambio, un valor fijo invariable, una constante.


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Comentarios

Enviado por A.M. (Contacto, Página)
Fecha: 17 de Febrero, 2007, 18:23

Es muy interesante lo que comentás, a menudo hay cosas mucho más importantes que ser inteligentes. O sea Tener un buen C.I sirve, pero hay que complementarlo. Como vos lo decis, se muy bien de que hablas y de la I.E. Puede ser que una persona con mayor I.E y no tan inteligente supere (en un ambito cualquiera) a otra mas inteligente.
Saludos

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